Lo que ocurre en una cocina cuando nadie mira

Anelcakes - Cocina

Hay un momento en la cocina en el que todo parece estar ya hecho.

Las masas están en el horno, la encimera de la cocina está más o menos recogida, y de repente no hay nada urgente que hacer. Es raro, porque hasta hace un minuto todo iba rápido.

Ahí es donde empiezo a mirar de verdad.

Abro el horno un poco, lo justo. No para comprobar el tiempo, sino para ver cómo está creciendo. Hay un punto en el que el bizcocho todavía parece húmedo, pero si lo sacas ya, se hunde. Y si lo dejas demasiado, se seca. No es un segundo exacto, pero se nota.

Con las cremas pasa algo parecido. Al principio están sueltas, luego empiezan a coger cuerpo. Si te pasas, se cortan. Si te quedas corta, no aguantan. Hay un momento muy concreto en el que dejan de moverse igual, y ahí es.

No siempre lo acierto.

Hay días en los que tengo que parar, dejarlo y volver. O repetir algo porque no estaba como debía. Eso no se ve luego, pero pasa bastante más de lo que parece.

Muchas veces, cuando alguien prueba una tarta y dice que es ligera o que no empalaga, no sabe muy bien por qué. Y tampoco hace falta explicarlo.

Porque eso no está en el último paso.

Está en estos momentos en los que no hay nadie mirando, en los que no hay foto ni vídeo, y en los que decides esperar un poco más o no tocar nada aunque apetezca hacerlo.

Ahí es donde cambia todo en la cocina. Ahí e donde surge la intuición.

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